‘EL PERRO DEL HORTELANO’
- PRODUCCIÓN: Compañía Nacional de Teatro Clásico
- TEXTO: Lope de Vega
- VERSIÓN: Álvaro Tato
- DIRECCIÓN: Helena Pimenta
- ESCENOGRAFÍA: Ricardo Sánchez Cuerda
- ILUMINACIÓN: Juan Gómez-Cornejo
- VESTUARIO: Pedro Moreno Y Rafa Garrigós
- INTÉRPRETES: Rafa Castejón, Joaquín Notario, Marta Poveda, Álvaro de Juan, Óscar Zafra, Nuria Gallardo, Alba Enríquez, Natalia Huarte, Paco Rojas, Egoitz Sánchez, Pedro Almagro, Alfredo Noval, Alberto Ferrero y Fernando Conde
- LUGAR: Teatro Romea, Murcia
- FECHA: Domingo, 19 de febrero.

Marta Poveda es la protagonista del montaje de la Compañía Nacional de Teatro Clásico ‘El Perro del Hortelano’ // FOTO: CNTC
Protagoniza ‘Amor’ los primeros instantes de ‘El perro del hortelano’ que llegó al Teatro Romea de la mano de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, de Helena Pimenta (dirección) y Álvaro Tato (versión). Ese ‘Amor’ ciego que acecha tras los tapices donde siempre alguien escucha, que hace y deshace, que lanza sus dardos y se empeña en que salga a la lengua lo que al alma altera. Que la lía, pero bien, con la condesa, los ricos pretendientes, su secretario, la criada, los requiebros que visten de mil mentiras una verdad, el amor que con celos despierta, las falsas caídas, los lienzos ensangrentados y, claro, ese ‘perro’ que ni come ni comer deja.
‘El perro del hortelano’, de Lope de Vega, es uno de nuestros grandes clásicos, una comedia ágil, inteligente, irónica, deliciosa. Y para mí, una debilidad. La película que se estrenó hace ya más de dos décadas y por la que Pilar Miró luchó durante años por sacar de un cajón, no hizo sino acrecentar la pasión por este texto y, ventajas del cine, la he visto tantas veces –tantas, tantas…– que debo confesar que me senté con cierto temor en la butaca.
Pero la Compañía Nacional de Teatro Clásico no decepciona. Con gran fidelidad al texto, los actores manejan tan bien el verso, el tempo y la trama que se disfruta desde la primera escena, en la que Marta Poveda (Diana), espada en mano, ya deja claro que no es una condesita cualquiera. Envuelta en mil pasiones, debatiéndose entre su honor, el deber que le marca su posición social, su pose de mujer de hielo y, por otro lado, su amor y celos por Teodoro, su secretario, Poveda llena de matices un personaje en el que, al igual que ocurre con el resto de la obra, se ha destacado su comicidad.
Marta Poveda maneja la comedia a la perfección, sin excesos, al igual que Rafa Castejón (notable Teodoro) y un magnífico Joaquín Notario que da vida al fiel y divertido Tristán, aunque también hay otros personajes, como Marcela (Natalia Huarte), que en alguna ocasión están pasados de vueltas… Entre el resto del reparto, es obligación destacar a Fernando Conde, Tristán en la versión cinematográfica y convertido ahora en el conde Ludovico, a quien siempre es un placer ver y escuchar.
Con escenografía de Ricardo Sánchez Cuerda –clásica, sí, pero no rancia… términos que aún no entiendo por qué a veces van de la mano– y una iluminación a cargo de Juan Gómez Cornejo que subraya, muy inteligentemente, los sueños de grandeza de Teodoro, este montaje se diferencia también por ese personaje, ‘Amor’ (Alberto Ferrero), que ronda a los protagonistas con desigual resultado. Me quedo con el inicio y con los momentos en los que acompaña a los amantes en su desesperación, sobre todo cuando Diana cae literalmente en sus brazos (“¿Qué me quieres, amor? ¿Qué me quieres?”), aunque en otros su presencia resulta forzada.
Eso sí, tanto estas escenas como las más coreografiadas dotan al montaje de un aire onírico, más contemporáneo, diferente, que se agradece cuando uno acude al teatro a disfrutar de un clásico cuya trama pocas sorpresas guarda. Algo que tampoco impide dejarse llevar en los brazos de ‘Amor’… Porque quien no haya amado, quien no haya intentado, en vano, no amar y quien no haya soñado con hacer eterno ese amor –“¡fortuna, tente!”– que ladre primero.
Crítica publicada en el periódico ‘La Opinión de Murcia’ el 22 de febrero de 2017