‘MEDEA’
- DIRECCIÓN: José Carlos Plaza
- ADAPTACIÓN: Vicente Molina Foix, a partir de Eurípides, Séneca y Apolonio de Rodas
- INTÉRPRETES: Ana Belén, Adolfo Fernández, Consuelo Trujillo, Luis Rallo, Poika, Alberto Berzal, Corifea, Olga Rodríguez, Leticia Etala y Horacio Colomé
- ESCENOGRAFÍA: Francisco Leal
- VESTUARIO: Pedro Moreno
- MÚSICA: Mariano Díaz
- ILUMINACIÓN: Toño Camacho
- LUGAR: Teatro Circo Murcia
- FECHA: Viernes, 5 de febrero

Las actrices Ana Belén (d) y Consuelo Trujillo, durante la representación en el Teatro Circo // RAFA MÁRQUEZ
“Mi odio va a imitar a mi amor”, afirma Medea con voz desgarrada. Y la venganza de la hechicera sigue cortando el aliento. Por muchos siglos que pasen, por muchas veces que se lea o se represente, por muchas adaptaciones que se hayan realizado…
José Carlos Plaza es quien firma la ‘Medea’ que se representó el viernes en el Teatro Circo. El director se enfrenta de nuevo a un clásico y vuelve también a elegir a una de sus actrices ‘talismán’, Ana Belén; a quien ya convirtió en ‘Fedra’ y en ‘Electra’. Le llega ahora el turno a uno de los papeles más jugosos para una actriz, capaz de devorar a cualquier intérprete que no esté a la altura. Ana Belén lo está, aunque protagoniza un montaje al que, en ocasiones, le falta desgarro, le falta drama a pesar de narrar la historia más dramática. Medea es un texto sobre las pasiones que salen de las tripas y de igual modo debería ser siempre puesto en escena.
La versión realizada por Vicente Molina Foix a partir de las obras de Eurípides, Séneca y Apolonio de Rodas se centra, además de en Medea, en el mundo heroico, ofreciendo una primera parte de la obra demasiado densa, un extenso preámbulo que introduce al público en la epopeya de Jasón y los Argonautas, en su búsqueda del vellocino de oro y en cómo Medea –esta parte sí es necesaria y está muy bien narrada– pierde la razón desde el primer momento que ve al que se convertirá en su marido, su pasión, su obsesión, su razón para vivir y, al perderlo, lo que hace que no le importe morir, matar, destruir lo que más quiere aunque se destruya a sí misma. Asesinar a sus hijos.

Ana Belén es Medea // RAFA MÁRQUEZ
Ana Belén es, sin duda, lo mejor del montaje de Plaza junto a la nodriza, una gran Consuelo Trujillo. Ambas, con sus ropajes rojos –rojo vida, rojo sangre–, forman un tándem fantástico al que rodea un grupo de solventes intérpretes. Entre ellos, Adolfo Fernández, un Jasón de impecable presencia pero que solo brilla en ocasiones, quizá por su dicción poco clara o por una pose chulesca forzada. Cuando se libera de esa pose, cuando siente la tragedia, gana verdad.
La acción se acompaña en este montaje con unas proyecciones que casi siempre distraen en vez de ayudar al desarrollo de las escenas y con unas grabaciones sonoras con las que ocurre algo similar. Mención aparte merecen los gritos de los niños y de Medea al otro lado de la puerta. Los actores están ahí y pocas cosas hay más impactantes en un teatro que un grito (bien dado)… ¿Por qué optar por una grabación que quita verdad?
La acertada escenografía es obra de Francisco Leal y se centra en una imponente puerta tras la que Medea consuma la tragedia. Despreciada por Jasón, el personaje se torna complejo, pasando de la súplica a la enajenación y la cruel venganza, transitando entre la debilidad y la fuerza de la princesa hechicera, uniendo ira y desgarro, yendo de la locura de la mujer enamorada, obsesionada con no tener NADA de Jasón, a la razón de la madre que quiere a sus hijos. “¡Atrévete, mujer cobarde! Que Medea haga lo que ella puede… y lo que no debe”, se dice a sí misma mientras urde “un castigo nunca visto”. La actriz, magnífica en la parte final, da credibilidad a la locura a la que llega Medea por amor… Por desamor… Y con su voz, con sus brazos, con su presencia, conduce al espectador hasta el más cruel de los desenlaces. El único modo de conseguir al fin ser –o eso cree ella– “la mujer que no sufre más”.

Paco Leal es el autor de la escenografía del montaje dirigido por José Carlos Plaza // RAFA MÁRQUEZ
Crítica publicada en el periódico ‘La Opinión de Murcia’ el 7 de febrero de 2016