‘EL EUNUCO’
- Texto: Adaptación de Jordi Sánchez y Pep Antón Gómez a partir de la obra de Terencio.
- Dirección: Pep Antón Gómez
- Intérpretes: Anabel Alonso, Marta Fernández Muro, Jorge Calvo, Antonio Pagudo, Pepón Nieto, Jordi Vidal, María Ordóñez, Alejo Sauras y Eduardo Mayo.
- Lugar: Teatro Romea, Murcia.
- Fecha: Domingo 26 de octubre.

El equipo de ‘El Eunuco’ y la directora del Festival de San Javier, en el Teatro Romea FOTO: F. SAN JAVIER
“La madre que parió a Apolo”, cómo se oían las risas el domingo en el Teatro Romea, qué gusto huir de la depresión ‘pre-lunes’ con el buen rollo que crearon los actores de ‘El eunuco’ de principio a fin de la representación, desde el monólogo-introducción al ‘selfie’ –que no era ‘selfie’– que se hicieron con el público de fondo tras recibir el premio que justamente ganaron en el Festival de Teatro de San Javier.
Arranca esta libérrima versión del clásico de Terencio –desvestido y vuelto a vestir, con mucha imaginación, humor y un toque musical– Anabel Alonso, convertida en una prostituta cincuentona “con los pechos saludando a los tobillos” pero que sigue igual de práctica ella… “La pobreza no me llama, me intranquiliza”. Se presenta, juega con el público, se lo mete en el bolsillo y lo pone en situación resumiendo en cinco minutos lo que cualquiera tardaría cien páginas en escribir. “Por Cástor” –o Pólux–, ¡lleven ya a esta mujer a los institutos a explicar a los clásicos!
Habla Thais y confiesa que está divida entre el amor –o lo que sea– de Fanfa (Pepón Nieto), un general gordo e impotente que la colma de regalos, y Fedrias (Antonio Pagudo), un joven bueno, casi tonto, y más pobre que un ratón. Y claro, a cual más celoso. “¡Podemos empezar!”, grita. Y la suerte ya está echada… “Que sea lo que Venus quiera”.
Además de este triángulo amoroso, que no hace sino liarse más, claro, nos encontramos sobre el escenario con un eunuco que no es eunuco y que persigue a la esclava Pánfila, un fiel Pelotus rendido a los encantos de su amo… Amor –aunque sea disfrazado de interés–, interés –disfrazado de amor–, pasiones, celos, engaños, encuentros y desencuentros.
Todo el reparto hace un trabajo notable, pero hay que destacar al trío protagonista y su indiscutible don para la comedia. Alonso guía al espectador por toda la historia, rendido de principio a fin; las intensas parrafadas en verso de Pagudo, antes de volverse un tontorrón sin palabras, son fantásticas, y Nieto firma una de sus actuaciones más divertidas con este general histriónico y de voz aflautada al que solo le gusta ir a las batallas para desayunar rodeado de jóvenes militares. Del resto de los actores merecen mención aparte Jorge Calvo (Parmenón), Pepito Grillo y criado muñidor a partes iguales –genial su ‘¡Ay de mí!’–, y María Ordóñez (Pánfila), todo un descubrimiento derrochando frescura y energía sobre el escenario.
Todos tienen su momento en este montaje coral disparatado en el que cantan y bailan las canciones de Asier Etxeandia y Tao Gutiérrez y las coreografías de Chevi Muraday. Y pasan como si tal cosa de la salsa a una intensa balada de amor o un canto tanguero de mujer despechada que no puede con los hombres –a ver dónde consigo yo esa letra cuando la necesite…– Construyen sobre el escenario momentos surrealistas y divertidos en los que mueven y desmontan la escenografía –un cubo blanco, ¡y ya!– para crear pasillos, puertas y recovecos en los que, convertido el clásico en vodevil, se persiguen unos a otros.
Es imposible resumir el lío que se monta, pero sí, hay final feliz. Triunfa el amor y la obra se convierte en un canto a la felicidad, que hay que disfrutarla a cada momento, en Mykonos o donde sea, porque “quién sabe si mañana comeremos perdices”. Y mucho mejor si uno está acompañado, claro, porque al fin y al cabo –póngale usted la música que quiera–, “vivir sin amor no es vivir”.